Carta de Lectores

Una tarea simple, una ejecución dudosa…

Sr. Director:  Recibimos la boleta de Aguas Santafesinas. ¡Oh sorpresa! habíamos triplicado el consumo en metros cúbicos, por lo tanto también en la misma ecuación, el importe, en pesos, a pagar con respecto a la facturación del bimestre anterior. ¿Qué pasó? Somos dos únicas personas, adultos mayores, no modificamos hábitos, no tenemos pileta ni patio con plantas que deban regarse, no hacemos baldeado de veredas, el uso del lavarropas tampoco es frecuente o diario. Entonces recordé que ese mismo día, horas anteriores, cuando regresaba de una diligencia encuentro a una persona (muy joven él) que estaba controlando el medidor de agua. Se me ocurre, junto con el saludo, hacerle una broma y le dije "¡Medí bien eh!", pero no levantó la cabeza para responder. No le di importancia al hecho, pero luego, al analizar la boleta comenzaron los interrogantes ¿Por qué aumentó considerablemente el consumo? ¿No será que tenemos una pérdida no visible? ¿Podemos constatarla? Sí, se puede y así lo hicimos. Cortamos el flujo general del líquido, levantamos la tapa pesada de hierro, el medidor en si tiene otra tapita azul, en mi caso, había perdido la tonalidad porque estaba tapada de tierra húmeda. Llegamos al visor y no fue posible ver si giraba o no la ruedita y que les digo de la numeración NO ERA VISIBLE por la tierra que obstaculizaba la lectura. Ahora nos preguntamos... ¿Qué cifra colocó ese simpático joven, tan amable, que el día martes recorrió calle Falucho? Lamentablemente no se me ocurrió en el momento documentar la situación con alguna imagen, lo único que hice fue asentar (previa limpieza de todo el montaje) la cifra que con nitidez se reflejaba y comprobar que derrame de líquido en el interior no había. Ahora cabe preguntar ¿Es posible algún reclamo? ¿A quién? ¿Quién supervisa? ¿Ustedes, usuarios, revisan los medidores? posiblemente si, la negligencia, tal vez fue nuestra. Aunque demande más tiempo ¿No sería posible que el usuario sea testigo de esa medición? Un hecho simple y una tarea también simple, pero hecha con muy poca responsabilidad y compromiso, sobre todo con la empresa, que seguramente confía en la seriedad que ponen de manifiesto en la labor que realizan. Mirtha Maine DNI 3.561.995 Rafaela
Carta de Lectores 09/10/2016 Redacción

¿Qué hacemos con la pobreza?

Sr. Director: Ahora nadie ignora que en nuestro país hay muchísimas personas pobres. En las grandes ciudades, un recorrido por zonas periféricas da la pauta del sufrimiento económico de miles de familias. Si queremos hilar más fino sólo debemos salir a la calle y mirar. En cada esquina, en cada acera está el triste escenario de la miseria, con sus consecuencias tremendas en la mayoría de los casos: la droga, la delincuencia, la violencia con todas sus variables. Al resto del país federal que anhelamos, le pasa lo mismo. Adentrarse aunque sea un poquito por provincias del interior, y a la vista está la muestra. Y por si alguno no se había dado cuenta, ahora con las cifras del INDEC, ¡por fin! se terminó la hipocresía. Porque ahora todos estamos informados. Todos, somos nosotros, los pobres y los que no somos pobres. Los que no pasamos hambre, mandamos nuestros hijos a estudiar, viajamos y hasta nos damos el lujo de dedicar algo de tiempo a la solidaridad con la cual emparchamos bastante, pero no solucionamos nada. Y que seguramente vamos a seguir colaborando con los responsables. Pero no nos engañemos, ellos son los dueños de la torta. Tendrán que agudizar el ingenio para repartirla con equidad, porque hasta acá algunos se llevan grandes porciones mientras otros sólo huelen las migajas. Y como hacemos en casa para que nuestros ingresos alcancen para todos por igual en épocas de crisis, los tres poderes que conforman el Estado tendrán también que agudizar su inteligencia. Comenzar por priorizar lo necesario: educación, salud, trabajo y vivienda, al frente y ya. Luego vendrá el tiempo de mejorar el paisaje de las plazas y jardines, el saneamiento, la diversión y hasta el consumo exagerado. Un artista que cobra caro, postergarlo hasta que no quede un solo niño desnutrido. Políticas de salud que enarbolen en todos sus aspectos la bandera de la prevención que es la más económica. Políticas de educación para que todos entiendan, crezcan y respeten. Persecución y encierro a los corruptos, sin soltarlos, y por supuesto lograr que devuelvan lo robado. Desechar los gastos superfluos, como decía la abuela, para que el guiso vaya alcanzando para todos. Seguramente el pueblo seguirá apoyando y las respuestas favorables se irán dando en el tiempo. Todo eso se logrará si de arranque existe un plan inteligente y generoso, forjado con decencia hacia el futuro. Edith Michelotti
Carta de Lectores 04/10/2016 Redacción