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16/04/2013 - Editorial
EDITORIAL

La carta del Papa

La misiva enviada por el Papa a Lorenzetti, difundida mucho después de ser recibida y al día siguiente del anuncio de la Presidenta sobre la reforma judicial, tiene mucho que ver con el tema.
La carta enviada por el Papa Francisco al presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el rafaelino Ricardo Lorenzetti, va mucho más allá de un simple protocolo de devolución de atención por el envío de una congratulación que este último le había girado en oportunidad de su designación al frente de la Iglesia Católica. Aun cuando la carta está fechada el 23 de marzo, recién fue divulgada desde el área de prensa del Alto Tribunal el día después que la presidenta Cristina Fernández formalizó el lanzamiento de su iniciativa de democratización de la justicia, consistente en media docena de decretos que ya se encuentran en proceso legislativo.
Lorenzetti había estado en persona tanto en la primera ocasión de divulgarse esta iniciativa de la reforma judicial, cuando el discurso de 4 horas de la Presidenta en la apertura de las sesiones ordinarias durante la Asamblea Legislativa del primer día de marzo, como en esta última ocasión en la Casa Rosada. Y aun cuando no emitió opinión alguna sobre el contenido de esta propuesta consistente en seis secuencias, previendo la posibilidad bastante segura que finalmente el caso deba ser resuelto por la propia Corte frente a los descontados planteos de inconstitucionalidad, algunas declaraciones suyas fueron  bastante claras y contundentes, no necesitando por lo tanto de interpretaciones, cuando puntualizó que "la Corte defenderá la Constitución". Lo cual constituye un posicionamiento obvio, pero que en este caso adquiere relevancia habida cuenta de ciertos aspectos de la propuesta reformadora que podrían chocar abiertamente con la establecido en la Carta Magna.
En su misiva, el Papa le dice "a Dios le hablaré de Usted y del importante quehacer que desempeña y le diré que lo ayude en su ardua labor y que asista con su luz y su gracia a cuantos imparten justicia en los distintos tribunales de ese amado país", para añadir luego en la exaltación de esa labor que "administrar justicia es una de las más insignes tareas que el hombre puede ejercer", exhortándolo además, muy directamente que "no pierda el ánimo", frente a "dificultades, riesgos o tentaciones".
En realidad, no existen razones para interpretar tales expresiones de manera diferente, pues todo es sumamente claro y preciso, al estilo del Papa. Sin embargo, aun cuando podrían estar destinadas al presidente de la Corte de cualquier otro país del mundo y tendría exactamente el mismo valor y alcance, en este caso de la Argentina es muy difícil no relacionar estos dichos con la condición de la nacionalidad de Jorge Bergoglio, y que desde su anterior condición de arzobispo de Buenos Aires fue un enérgico opositor de algunas de las políticas del gobierno, mostrando muy claras diferencias en cuanto al tratamiento de la pobreza por ejemplo, y también en este intento reformista de la justicia.
Se recordará que en los primeros días de marzo, aún siendo Bergoglio arzobispo porteño y uno de los más escuchados dentro de la Conferencia Episcopal Argentina, que había presidido hasta la asunción de monseñor José María Arancedo, el máximo órgano de la Iglesia argentina se había pronunciado muy contundentemente sobre la iniciativa de la reforma a través de un documento, que en uno de sus párrafos decía: "La elección popular de los miembros del Consejo de la Magistratura es un mecanismo que parece reñido con la norma constitucional, y que en todo caso convertirá a un órgano que debe ser técnico y riguroso en escenario de luchas partidarias. La politización de los jueces es inadmisible y conspira contra la neutralidad que cabe exigir de ellos, y que se expresa en la prohibición vigente de afiliación partidaria".
La posición, realmente fuerte, provocó una también fuerte reacción del gobierno a través del ministro del área Julio Alak, lo cual provocó que luego la Conferencia Episcopal atenuara sus críticas, difundiéndose a través de la Comisión Justicia y Paz una versión mucho más moderada.
De todos modos, el pensamiento de la Iglesia sobre este proyecto de reforma de la justicia es sumamente claro, y compartido entonces por monseñor Bergoglio, razón por la cual las expresiones que el ahora Papa Francisco hizo llegar al doctor Lorenzetti, no pueden desvincularse de esta situación, por más que tengan contenido y alcance generalizado.
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