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20/01/2014 - Deportivas

Claudia Noemí Amura, la diosa argentina del ajedrez femenino

Por Ezio Ricci (Especial para LA OPINION). - Respondiendo a una invitación oportunamente realizada por el autor de esta nota, estará el próximo fin de semana en esta ciudad la notable ajedrecista Claudia Amura, quien será una de las figuras estelares del "Torneo Amistad 5".
El contenido de una reciente entrevista con Claudia es el que reproducimos textualmente:
 
- Tengo conocimiento que naciste en el barrio de La Boca, en la Capital Federal. ¿Cómo se integra tu familia y de que manera te iniciaste en el ajedrez?
- Efectivamente, nací en el Hospital Argerich, el 26 de agosto de 1970. Mis padres: Bersabet Gramajo (santiagueña, ama de casa y excelente cocinera) y Luis Amura (porteño, diputado nacional por UDELPA, escritor, periodista y corrector, entre otras cosas). Tengo tres hermanas, Carmen e Inés, por parte de mi papá, ambas me llevan más de 20 años y Patricia, por parte de ambos padres. Yo soy la menor de las cuatro, Patricia tiene tres años y medio más que yo y actualmente vive en España. Aprendí a jugar ajedrez a los 7 años viendo a mi padre cómo le explicaba a mi hermana Patricia; al poco tiempo fuimos a una cena al club Jaque Mate, donde mi papá era socio -era gran aficionado al ajedrez con nivel de tercera categoría- y de repente me puse a pimponear con un muchacho del club -el futuro MI Jorge Rodríguez- y allí empecé a jugar ajedrez. Vivimos en Buenos Aires hasta 1991, un año antes se jugó un Panamericano Juvenil en Merlo, donde participé, creo que quedé cuarta, y allí conocimos las bondades del microclima beneficioso para enfermedades respiratorias. Mi papá sufría de eficema y por ese motivo dejamos nuestro barrio de Congreso. Yo tenía 21 años y previamente a la mudanza gané el Metropolitano, quizá uno de los torneos más fuertes de mi carrera.

- ¿Recordás tu primer torneo?
- Mi primer torneo no fue infantil, porque en esa época casi no jugaban los niños. Participé en 1979 del Gran Prix realizado por el Banco Ciudad de Buenos Aires, donde había más de 300 ajedrecistas; recuerdo que con mis dos colitas y el pato de caramelos de Bonafide era la única niña y la suerte quiso que me tocara con Oscar Cuasnicú (Maestro Internacional), con quien jugué una buena partida que se publicó posteriormente en la revista Ajedrez de Sopena. Me fue bien, gané una de las medallas acuñadas especialmente en plata para los 100 años del Banco y logré 3,5 puntos. Lo que recuerdo es que como me aburría que el rival pensara tanto me iba a manejar el ascensor entre jugada y jugada,  y otras veces me tiraba por las amplias barandas del auditorio, que para mí era un perfecto tobogán.

- ¿Cuándo empezaste a sentirte apasionada por este maravilloso juego y en qué momento pasó a ocupar parte de tu vida?
- Desde chica amé y amo el ajedrez, es parte de mi vida, gracias a este deporte compartí los mejores años de mi vida con mi padre viajando por el mundo, tuve la oportunidad de conocer a mi esposo e incluso de vivir en México y en España. Nuestros hijos también juegan ajedrez. El mayor Gilberto (15) nació en México y los otros tres (Luis 13, Santiago 12 y Rocío 10) nacieron en España. También tuve la oportunidad de trabajar en periodismo, que considero mi asignatura pendiente, como columnista de La Nación dos años, Página 12 tres años y cinco años en El Liberal de Santiago del Estero; hoy escribo para La Opinión, un semanario de San Luis). Di clases de Periodismo en Ajedrez en Deportea (Buenos Aires) dos años; así que pude realizar todo esto antes de cumplir 21 años. Otro regalo que me hizo el ajedrez es conocer y vivir en San Luis, una provincia maravillosa con múltiples bellezas naturales, y donde los gobernantes han valorado la importancia de apoyar el ajedrez, el cual llega a 300 escuelas y donde el 85% de los jóvenes y niños lo practican desde hace 9 años. Si volviera a nacer sería ajedrecista sin dudas.

- ¿Qué Círculo o Club elegiste para desarrollar tus conocimientos?
- Jugué en casi todos lados. Empecé en el Jaque Mate, luego entre los 11 y los 15 estuve en Torre Blanca porque me quedaba más cerca y era donde mayor actividad encontraba, jugaba torneos de Navidad y también de Año Nuevo. Después de ser campeona argentina pasé al Club Argentino; allí luché con mi maestro Oscar Panno por el titulo de campeón, estuve cerca de lograrlo pero él me dio una clase en las partidas finales. El Club Argentino te daba la oportunidad de jugar con Najdorf, Quinteros, Tempone, y otros grandes ajedrecistas, en cualquier día de la semana. Hasta los 15 años tomé clases particulares con el MF Antonio Anelli, quien llegado ese momento me sugirió tomar clases con el GM Panno ya que él no se sentía capacitado para mi nivel; por entonces, yo había logrado empatar con Najdorf en Mar del Plata y ganarle al MI Samuel Schweber. Por tal motivo fui a River, fue una decisión difícil porque toda la vida fui hincha de Boca, pero las clases valían la pena, y tuve que asociarme. Con Panno tomé clases hasta los 18 años, nunca particulares sino en grupo. Realmente, es una eminencia en esta materia, la Escuela de Panno, sin duda, ha dado los mejores ajedrecistas del país y Sudamérica. A los 18 decidí entrenar duramente, unas ocho horas diarias. Panno dijo alguna vez de mí: “Claudia es una autodidacta”... y, sí, porque las aperturas las tenés que estudiar solo. El repertorio es muy personal, te pueden orientar, pero tenés que imponer tu estilo y así fue como logré en dos años de trabajo llegar al puesto 12 del mundo y el número 1 de Iberoamérica en mujeres.

- En 1990 obtuviste en una Olimpíada una medalla de plata como primer tablero.
- Fue en la Olimpíada de Novi Saad, ex Yugoslavia, creo que es Serbia ahora. La de oro la ganó la entonces campeona mundial Xie Jun, de China, y la de bronce quien era la uno del ELO, la húngara Susan Polgar, gran amiga mía. El equipo argentino se integró con 1 Claudia Amura, 2 Liliana Burijovich, 3 Carla Herrera y 4 Marina Rizzo (creo que era Marina, pero la verdad, no recuerdo).

- ¿Te acordás de los Campeonatos Argentinos que lograste?
- La verdad, no tengo contados los campeonatos nacionales que gané; estimo que son unos 12 títulos entre infantiles, cadetes juveniles y mayores. Campeona argentina juvenil femenina fui más o menos cuatro veces. Para mí, el más importante fue el primero, en 1984, cuando gané el Campeonato Argentino Infantil absoluto; éramos 32 y sólo dos mujeres, una de Santa Fe y la otra era yo... y lo gané. Ese torneo marcó mi futuro, siempre quise superar a los hombres y lo logré en muchas ocasiones. Después, en importancia para mí, viene el Metropolitano; éramos 50 ajedrecistas, yo otra vez la única mujer. Para jugar tenías que tener más de 2100 de ELO y había unos 18 titulados, la mayoría Grandes Maestros y lo gané con 8,5 en 11 rondas. Estaban, entre otros, Ricardi, Zarnicki, Slipak, Spangenberg…

- ¿Y a nivel internacional?
- En 1990 fue mi consagración. Arranqué siendo campeona sudamericana en Bolivia, recuerdo que Najdorf me prestó 300 dólares para poder ir con mi padre ya que siempre traté de no ir sola por el mundo. Obviamente, al regreso pagué mi deuda, pero Najdorf siempre le puso el hombro a las causas justas. La verdad que jugar sus torneos fue otro lujo, allí me enfrenté con Miguel Tal -¡un lujo!- y en otras ocasiones puede jugar con Kasparov, Karpov, Ponomariov, todos campeones del mundo. Perdí con todos, pero la verdad que fue un lujo poder enfrentarlos. También jugué con Judith Polgar, con quien tengo amistad desde hace 27 años. En el '90 gané un Gran Prix en Buenos Aires, que también fue importantísimo; se hizo en el Club Argentino. La verdad que tuve nivel de Gran Maestra desde 1990, pero vivir en Argentina no me ayudaba mucho para conseguir el título de GM femenina recién cuando me casé y me fui del país, tristemente, pude lograr el título con 4 normas obtenidas en menos de 6 meses. Argentina es mi país y lo amo, pero qué lejos esta del resto del mundo! Si bien el match con Panno fue muy importante y le gané dos juegos brillantes, la partida memorable de mi carrera fue la que jugué con Najdorf en Mar del Plata, las tablas y su anécdota -donde él decreta tablas cuando ve que puede perder- dieron la vuelta al mundo y hoy recuerdo la escena en el Hotel Provincial de Mar del Pata, rodeada de cientos de aficionados aplaudiendo mi empate. Blas Pingas era el árbitro y testigo de esa historia.

(Continuará)
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